domingo, 26 de febrero de 2012

El pan de molde de Cala Millor

Difícil vivir al margen del alimento objeto de este post. Si no es para desayunar será como parte de un aperitivo o mejor aún, sustento de un suculento sandwich a la hora de la merienda o incluso para una cena ligera: por un motivo u otro todos lo probamos varias veces por semana.

La I+D alimentaria ha aumentado sensiblemente la gama de variedades disponibles (con corteza, sin corteza, rústico,...) y aumentando exponencialmente las posibilidades de conservación sin mermas de calidad (por decir algo) aparentes.

Lo que la tecnología no ha corregido (realmente ha hecho todo lo contrario) es disminuir las artificiales humedades, los sabores gomosos cuando no la carencia absoluta de los mismos, confiando en disimularlas con otros productos a los que el pan sirve como base. Cosas del progreso, imagino.

Dentro de este inevitable mundo industrial aún es posible coger un desvío y probar algunos panes que evocan a sabores del pasado, al de las panaderías y pastelería de barrio que poblaban nuestras infancias antes de que llegaran "los frescos del barrio".

El pan de Cala Millor (la situada en la calle Fermín Caballero 70 de Madrid es la que yo conozco), comprado en bloque y cortado allí mismo si se desea tiene sabor a buen pan, textura firme y un solo y bendito defecto; su periodo de conservación es realmente reducido por lo que es deseable dar buena cuenta de él a toda velocidad. No les será difícil.

Si por un casual les resulta complicado acceder al mismo, un par de alternativas que no desmerecen y siempre preferibles a cualquier marca comercial: el de pastelerías Vait, cortado bien grueso y con una textura que lleva a una agradable separación de la corteza y la miga a poco que lo calentemos y el de Pastelerías Alemany (aunque creo que han reducido su cadena de pastelerías al mínimo deshaciéndose de las sucursales de Tres Cantos y la calle Mesena) también de Madrid (y alrededores).

Ya saben, pruébenlos y si conocen alguna alternativa no dejen de compartirla.

@ladespensadeJAC

domingo, 12 de febrero de 2012

Patatas fritas San Nicasio

Parece mentira que algo tan sencillo y tan arraigado a nuestra cultura popular sea algo que apenas encontramos con un mínimo de calidad. Hablamos hoy de nuestras apreciadas patatas fritas.

Solas o en compañía de otros (mejillones, boquerones en vinagre,...) son algo de lo que  parece  no nos cansamos nunca y si además, añadimos que su precio es perfectamente llevadero con esta tormenta que nos sobrevuela en forma de crisis, habremos conseguido la cuadratura del círculo.

Como les decía, resulta realmente complicado encontrarlas de calidad, tanto en bares (cuantas patatas rancias habremos sufrido como tristes acompañantes de unas cañas) o envasadas. El oligopolio que domina el mercado de los aperitivos (no merece la pena dar más detalles...) o los cuasinfinitos sabores creados mediante saborizantes químicos parecen haber aparcado las esperanzas de encontrar unas simples patatas fritas bien fritas, preferentemente en aceite de oliva.

Y como no todo estaba perdido, me encontré hace unos meses por casualidad con una bolsa de unas sobresalientes patatas fritas San Nicasio. Patatas españolas, fritas en aceite de oliva virgen extra y aderezadas con sal del Himalaya (no estaría de más corregir al alza el punto de sal), de corte grueso, textura firme y adictivo crujiente. Creo que no hace falta decir más.

No es complicado encontrarlas en los establecimientos del Grupo Vips, en la tienda delicatessen de Hermanos Peña o en establecimientos de El Corte Inglés y por tanto, están fácilmente alcance de la mayoría.

Disfrútenlas en su próximo aperitivo casero y cuéntennos qué les parecen.

@ladespensadeJAC