lunes, 20 de junio de 2011

Guisantes lágrima

Reconozco que es una maldad hablar de este producto, justo ahora que la temporada está llegando o ha llegado a su fin. Sin embargo, hablando de estas "perlas", lo limitadísimo de la producción hace que sea prácticamente imposible encontrarlo apenas unos kilómetros alejados de la zona de donde procede.

Getaria y algún pequeño agricultor en alguna parte del Monte Igueldo (según me comentaba Pedro Subijana el pasado año) son los responsables de llevar a la mesa un producto conocido como el caviar verde (aunque al menos el caviar, para quien pueda pagarlo, no cuenta con una "tirada" tan escasa).

Como les decía, fuera de este entorno y de las grandes mesas, es muy difícil tener el privilegio de probarlo y Juanjo López (La Tasquita de Enfrente) es la única excepción que yo conozco en la capital del reino así que mejor no albergar demasiadas esperanzas en degustarlos por aquí e intentar, en la medida de lo posible, acercarse a su región de origen (que por otra parte, no es ninguna mala idea).

En una reciente visita a San Sebastián, entre tapa y tapa, entre pincho y pincho pude encontrar un pequeño oasis en forma de mercadillo callejero donde en un par de pequeños puestos aparecían tímidamente algunas bolsas con guisantes, más pequeños de lo normal, en forma de lágrima, que no eran sino el inesperado "caviar".

El precio en este caso es lo de menos, pero por el peso aproximado de la bolsa debí pagar unos 100 euros/kilo que consideré bien pagados, antes de elaborarlos de la manera más sencilla posible; fundiendo algo de grasa de ibérico en la que atemperamos levemente los guisantes y finalmente ligándolos con una yema de huevo.

Si logran encontrarlos, no lo duden y que los disfruten.

martes, 7 de junio de 2011

Aceites: Castillo de Canena primer día de cosecha

Haciendo gala de espíritu democrático y de acuerdo con los resultados de la encuesta, seguimos adelante con un nuevo post sobre productos.

Creo que después del mundo del vino, el del aceite de oliva es el que despliega mayor complejidad y en el que no es sencillo conocer, aunque sea mínimamente, denominaciones, regiones, tipos de aceituna y en general cualquier otra característica que nos permita caracterizar un ecosistema tan complejo como apasionante y en el que, sin que sirva de precedente, somos una referencia mundial en este nuestro país.

Sin pretender hacer un glosario, ni siquiera entrar en comparaciones sobre si es mejor éste o aquél, reconozco que hace unos meses descubrí un aceite que me fascinó y que comparto con ustedes: el jienense Castillo de Canena primer día de cosecha.

De un primer vistazo me generaban cierta desconfianza esas etiquetas firmadas por algún personaje mediático (de hecho las botellas que guardo en casa no contienen autógrafo alguno) aunque nada más lejos de la realidad. El oro líquido que encierran esas rojas botellas es de auténtico lujo.

En dos variedades, arbequino y picual, más presente la almendra el primero y quizás más herbáceo el segundo, son perfectas para consumir "en crudo".

Sólo dos pegas, la primera, la limitada producción de 20.000 botellas y la segunda, su precio entre los 15 y los 20 euros la botella de medio litro.

Si pueden, no lo duden y que ustedes lo disfruten.